¿Quién quiere ser una tradwife?

La figura de la tradwife surgió entre las influencers norteamericanas que promueven ideas tradicionales de familia y religión mientras romantizan sus vidas bucólicas de ama de casa. Se trata de una estética de la web alineada con el giro identitario de las nuevas derechas, que también comienza a globalizarse. ¿Qué hay detrás de estas imágenes? Elementos para una teoría de la tradwife.

por Silvana Aiudi

Con el avance global de las nuevas derechas se viene construyendo, de manera discursiva y estética, una relectura reaccionaria de los géneros masculino/femenino. Aparece así una hipermasculinización, promovida por varones que encuentran su masculinidad amenzada por el feminismo. De manera defensiva, difunden discursos que culpan al feminismo de la pérdida de los valores tradicionales y la caída de la natalidad a nivel mundial.

Estos discursos comenzaron a circular en las subculturas de internet, particularmente en Estados Unidos, con los Men going on their own way (MGTOW) u “hombres de la red pill”; el Pick up artist (PUA), artista de la seducción, que utiliza la manipulación psicológica para conquistar mujeres como un “juego”; y el incel o célibe involuntario, varones que buscan venganza frente al rechazo de las mujeres y, autopercibidos como “machos beta”, evitan el contacto físico y emocional con las mujeres. Estos grupos se relacionan entre sí en espacios virtuales como 4chan y conforman lo que se conoce como la manosphere, es decir, sitios web, canales de Youtube, etc., con contenido antifeminista y misógino orientado a un público de varones jóvenes. Ante las denuncias de grupos feministas o personas del colectivo LGTBIQ+, por la violencia de sus discursos, los miembros de la manosphere responden con la ambivalencia humorística, la ridiculización y la burla.

En el epicentro de esta subcultura machista nace la comunidad de Reddit The Red Pill. Y, como a todo marido hipermasculinizado le falta su esposa hiperfeminizada, aparece la esposa tradicional 2.0: en 2012 surge en ese mismo foro la figura de la Red Pill Woman o Trad Wife (esposa tradicional), representada por influencers que reivindican la estética y valores de las mujeres de los años 50 en Estados Unidos, en línea con las políticas identitarias de las nuevas derechas, que refuerzan el poder masculino y la supremacía blanca heterosexual desde el modelo del “ángel del hogar”. 

En Reddit existen más de 30.000 mujeres que se autodenominan tradwives o redpill women; en Instagram, el hashtag #tradwife cuenta con 43 millones de menciones; y en TikTok, el mismo hashtag tienen alrededor de 86 millones de visualizaciones. Muchas de ellas dicen ser “femeninas, no feministas"; otras, apuestan a la idea de que son feministas que eligen el hogar, el cuidado de los hijos y el marido. Todas defienden los derechos de los hombres, los roles tradicionales y la supremacía blanca. 

A diferencia de sus modelos femeninos de los años 50, las tradwives del siglo XXI trabajan y venden una forma de ordenar al mundo detrás de una domesticidad performativa. Sus post y videos están cargados de colores pasteles, panes de masa madre, budines y muffins horneados con ingredientes naturales. Se muestran en la cocina o en paisajes idílicos, con muchos hijos e hijas rubios que sonríen en hogares lujosos. ¿Estas mujeres promueven un estilo de vida real? ¿O son una imagen estética de una fantasía masculina y femenina? ¿Cómo se construyen desde una perspectiva “antigénero”? ¿De qué manera refuerzan las expectativas de los valores tradicionales y reaccionarios? ¿Cómo se influyen y redefinen los roles masculino/femenino desde la supremacía blanca e ideas de ultraderecha?

Para una teoría de la tradwife

"Tradlife. The restoration and preservation of traditional family values" (Tradlife. La restauración y preservación de los valores familiares tradicionales) se lee en la entrada al blog Wife with a purpose de Ayla Steward, una de las tradwife más conocidas ( incluso contribuyó a populariar el término), sobre todo luego de hacer público apoyo a Donald Trump en el 2016. Su imagen: sonríe con un cabrito blanco entre sus brazos, en medio de un paisaje bucólico, con una trenza al costado. En una de sus fotos aparece usando un vestido rojo con lunares; en otras, hay lápices de colores pasteles, con un dibujo de una pareja que al lado tiene escrito “Never says no” y un fragmento de Corintios 7:2. (“cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido”).  Debajo de estas fotos, un mensaje: “Most censored Christian in America” (La cristiana más censurada en Estados Unidos). Stewart afirma ser antifeminista y partidaria del “nacionalismo blanco”. La censura a la que se refiere tiene que ver con algunas de sus iniciativas en redes sociales, como el White Baby Challenge, que animaba a tener tantos hijos como fuera posible frente al descenso de la natalidad de los bebés blancos estadounidenses. “No podemos renovar nuestra nación con los bebés de otros”, dijo, con vestido de campo y las galletitas recién horneadas sobre la bandeja, en línea con las ideas nacionalistas y racistas de la ultraderecha. Era un desafío para aumentar la población pero no para todos: si sos una mujer blanca, tené hijos porque hay una baja tasa de natalidad; si sos una persona racializada, migrante, no, porque manchás a la especie. 

En el epicentro de la subcultura web hipermasculinizada aparece su esposa hiperfeminizada: en 2012 surge la Trad Wife, representada por influencers que reivindican la estética y valores de las mujeres de los años 50.

Todas estas mujeres fueron surgiendo como respuesta al #metoo y los avances políticos de los sectores feministas y diversidades en materia de leyes. Otra tradwife de gran relevancia es la inglesa Alena Kate Pettitt, que promueve la misma estética desde el año 2016, , y ya cuenta con casi 9 mil suscriptores en YouTube. En su sitio web The Darling Academy. Faith and feminity tiene artículos sobre cómo sostener el matrimonio desde valores tradicionales y cristianos. En una de sus entradas al blog, explicita su elección de ser un ama de casa y expresa sus sentimientos de culpa frente a una sociedad feminista y woke que la señala por su elección. Debajo de su foto dice “homemaking, motherhood, marriage and traditional living” (tareas del hogar, maternidad, matrimonio y vida tradicional). Se define como una “staying at home wife”. Pettit tiene dos libros publicados: Ladies like us y English etiquete.  

¿Por qué estas tradwives nunca se muestran limpiando el baño o sacando la basura? ¿Tampoco están cansadas? ¿Qué les pasa que sonríen constantemente? ¿Por qué son todas jóvenes, flacas, rubias y sofisticadas? Si bien el fenómeno de la tradwife es relativamente nuevo y aún un tanto incomprensible, este modelo estético no lo es. A ninguna mujer de la cultura occidental le llamarían la atención imágenes de mujeres que aparecen en fotos, revistas, redes, que promueven la fantasía del “álbum familiar”. Estamos acostumbradas a estas publicidades que cierto sector de la sociedad se empecina en difundir. La mujer de country o de campo, blanca y rubia, que viste de blanco o pastel, sonriente, con su marido y muchísimos hijos promueve un espectáculo de la abundancia al que solo algunas están invitadas.

Pero bajo la sonrisa radiante revienta aquello que Betty Friedan llamó “el malestar que no tiene nombre” en La mística de la feminidad, publicado en 1963, año en el que más de un tercio de las mujeres ya trabajaban. En este libro, Friedan estudia a las mujeres estadounidenses y dice que el “ama de casa feliz” es una figura de fantasía. Bajo las imágenes irreales de “el ángel del hogar” se reproducen los roles de género. La supuesta felicidad que estas amas de casa muestran justifica la división del trabajo, que no es más que un anhelo y deseo colectivo patriarcal, una forma de ordenar el mundo desde lo cultural, social y económico. El ama de casa realiza un trabajo gratuito, no remunerado, de tareas reproductivas y qué mejor hacerlo bajo el consentimiento y los sentimientos considerados positivos. 

Al rastrear la imagen del “ama de casa feliz” debemos preguntarnos de qué manera asegura las ideas de felicidad, y también, y no menos importante, quiénes tienen derecho a ser como ellas. Bell Hooks, en Mujeres negras. Dar forma a la teoría feminista (1984) dice que las mujeres pobres y negras no tienen el privilegio ni siquiera de pensar en ser un ama de casa feliz y, en el caso que pudieran serlo, la emancipación de las tareas del hogar implicaría tener a alguien que se encargue del cuidado de los hijos y de la casa, por lo general otra mujer, lo que continuaría reproduciendo los roles femeninos y continuaría oprimiendo a las más pobres. Siguiendo con la línea de la crítica a las ideas de felicidad, en el libro La promesa de la felicidad, publicado en 2010, Sara Ahmed dedica el primer capítulo a la promesa de felicidad que hay detrás de estas imágenes y dice: “La felicidad ha servido de argumento para sostener una división del trabajo determinada en función de género”. Habla de una nueva generación de blogueras que hacen de su imagen un ama de casa feliz, aprovechando el espacio cibernético para propagar este mensaje. Para Ahmed, no sólo comparten cómo es ser una buena ama de casa, sino también muestran qué se obtiene si una mujer es así de “buena”. 

Desde las imágenes de un “optimismo cruel” (concepto que toma de Lauren Berlant), un optimismo asociado a los sentimientos considerados positivos y agradables culturalmente, sostiene que, en este contexto de auge del feminismo y la agenda woke, este tipo de mujer tradicional representa una nueva rebelión porque se enfrenta a un supuesto autoritarismo feminista. Dice Ahmed que, frente a una ortodoxia social, “la imagen del ama de casa se reitera y acumula poder efectivo por medio de la construcción de su figura como un sujeto minoritario que se ve obligado a reclamar algo que le han quitado”. El ama de casa feliz genera felicidad: educa y orienta hacia “lo bueno” para una sociedad. Sobre este supuesto, Ahmed crea el término feminist killjoy, que fue traducido como “feminista aguafiestas”. Esta traducción nos saca un poco del sentido y el contexto: la “killjoy”, desde un sentido más literal, es aquella que “mata la felicidad” de una promesa cruel que no es más que una fantasía que regula un orden patriarcal.

Las tradwives son irrealizables: ninguna se dedica a la familia, nunca se muestran limpiando el baño o sacando la basura, por el simple hecho de que eso les sacaría todo el tiempo para trabajar como influencers, hacer sus videos, responder los comentarios y apoyar candidatos.

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Las imágenes de las tradwives son irreales e irrealizables. Es bastante obvio que ninguna se dedica a la familia, al marido, a hornear budines ni cuidar a la multitud de hijos por el simple hecho de que ser una tradwife les impediría ser influencers. Esa vida que ellas manifiestan elegir llevar, les sacaría todo el tiempo para hacer sus videos en Instagram, TikTok, YouTube, apoyar candidatos de ultraderecha, expresarse en contra del feminismo, responder los comentarios de las reproducciones, participar en blogs y producir una gran cantidad de contenido diario para las redes. Entonces, ¿qué mensaje quieren dar? 

La investigadora Megan Zahay en What "real" women want: Alt-right femininity vlogs as an anti-feminist populist aesthetic. Media and Communication afirma: 

Una creciente comunidad de extrema derecha en YouTube, conocida como esposas tradicionales, crea videos sobre feminidad, belleza y relaciones. Sin embargo, quienes buscan consejos de ropa o peinado en estos canales se quedan con otro tipo de estilo: mensajes derechistas que presentan el feminismo como una amenaza elitista a la feminidad ‘real’ de las mujeres comunes. 

También están en contra del colectivo LGTBIQ+ y consideran a la transexualidad como una monstruosidad.

Sin embargo, no todas estas influencers se posicionan como antifeministas. Muchas de ellas dicen ser feministas que eligen esa forma de vida tradicional. Esta idea funciona como estrategia de los discursos reaccionarios para marcar que existe un “mal feminismo” y un “buen feminismo”, y así reforzar el orden patriarcal. El “buen feminismo” es el de la mujer que elige tener una familia XXL y reproducir los roles de género tradicionales, y los valores nacionalistas y religiosos. Silenciando la violencia, las tradwives pretenden demostrar que estos estilos de vida identitarios pueden ser agradables y deseables. 

Detrás de todo esto, las tradwives monetizan sus redes sociales. Estas amas de casa, que tal vez surgen como la figura opuesta del “ama de casa desesperada”, reciben likes y comentarios por algo que no suele ser remunerado: el trabajo reproductivo y las tareas del hogar. Hannah Neeleman, conocida como @BallerinaFarm, mormona, empresaria estadounidense y una de las tradwife más famosas en la actualidad, contribuye con este show de la riqueza y sofisticación. Aunque ella afirma no identificarse con la etiqueta, se la ve con vestidos vintage, marido, ocho hijos y una vida campestre en una granja de Utah. Cuenta con más de 10 millones de seguidores en Instagram, al igual que TikTok. El New York Times la destacó como una de las estrellas más populares de las redes sociales en Estados Unidos. Los videos la muestran en su cocina con una estufa verde de hierro fundido como una de las protagonistas. Cuenta que quiso ser bailarina pero que vino a cumplir con la misión de Dios. Neeleman cría ganado vacuno y porcino, ovejas y otros animales. La carne, envasada en la granja, se vende en su tienda en línea Ballerina Farm, además de miel y velas de cera de abeja, masa madre, flores cultivadas en Ecuador y otros productos. Las tradwives no lloran, las tradwives facturan.

¿Cuál es tu valor de mercado sexual? 

Esta es una de las preguntas que se suelen encontrar en los blogs de algunas. El Sexual market value (SMV) se utiliza para medir el deseo sexual que una esposa tradicional despierta en los hombres que participan en estos foros. Ellos las califican del uno al diez. La feminidad, belleza y juventud son las cualidades más importantes para cotizar. Muchas tradwives, además de su vida bucólica, presentan en Instagram, YouTube y Tik Tok a sus cuerpos sexualizados desde la fantasía masculina. 

Estee Williams, RoRo Bueno y Nara Smith son algunas de ellas. Con rostros de niñas hermosas y cuerpos voluptuosos, estas mujeres dicen sentirse realizadas mientras sirven al marido y comparten recetas de cocina. Estee Williams afirma que practica la sumisión bíblica del matrimonio: es devota del marido y de Dios. RoRo Bueno, influencer española, le cocina a su marido Pablo, van de picnic y comparte viajes con la familia de él. Y Nara Smith, la primera tradwife negra, tiene un esposo rubio, vende productos por medio de sus redes. En las fotos se las ve a todas en casas de lujo, en un entorno rural y bucólico. Sus hijos y su casa son parte del espectáculo.

Si bien todas estas imágenes reproducen los roles masculinos y femeninos tradicionales, ellas son las protagonistas. Es importante observar el rol que estas mujeres les dan a los hombres: en la mayoría de los videos, reels y fotos del “álbum familiar”, ellas son el centro y el marido proveedor está al costado, sonriente como Ken en Barbieland. Esta construcción de la imagen del varón cristaliza la fantasía de felicidad de muchas mujeres y un imaginario de marido que es parte del funcionamiento de su familia ideal. Así, se promueven las representaciones del binarismo masculino/femenino en las que el varón es uno más de los objetos a los que está asociada y orientada la felicidad.

Si bien las tradwives reproducen los roles tradicionales, ellas son las protagonistas: en la mayoría de sus videos, reels y fotos del álbum familiar, son el centro y el marido proveedor está al costado, sonriente como un Ken en Barbieland

La estética y la ideología de las tradwives se produce y se consume mayormente en Estados Unidos y algunos países de Europa. Pero no por ello dejan de proyectarse a nivel global. Que este contenido sea tendencia responde a un nuevo/viejo orden de las ¿nuevas? derechas y varios sectores religiosos que las apoyan en todo el mundo.

No soy antifeminista pero…

Más allá de Estados Unidos y más acá de nuestro país, los investigadores Santiago Morcillo, Estefanía Martynowskyj y Matías de Stéfano Barbero, en No estoy en contra del feminismo pero…  Reacciones de oposición al feminismo en discursos online en Argentina, describen cómo, mientras la militancia feminista conseguía leyes y reformas, fueron apareciento otros actores relacionados con diversos sectores de derecha (negacionistas de la dictadura militar, religiosos e incluso neotradicionalistas del llamado campo nacional y popular) que se movilizaron y usaron la web para difundir sus discursos polarizantes. Algunos de ellos llegaron a ocupar bancas legislativas.

En Argentina, las ideas tradicionalistas y reaccionarias comenzaron a ser propagadas mayormente por varones ligados a La Libertad Avanza, pero también por otros cercanos al peronismo y a algunos referentes del progresismo. Por medio de charlas, streamings, libros, conferencias, promueven una imagen de mujer vinculada al retorno a la familia tradicional y la religión.

Las mujeres son parte de este plan, en tanto esposas y madres. Hace poco se les sumó un nuevo actor: las llamadas “feministas de derecha”. En el reciente libro de Melina Vazquez y Carolina Spataro, Sin padre, sin marido y sin Estado (Siglo XXI), se describe a la “novia libertaria”. Las autoras la relacionan con la tradwife por una imagen que circuló por redes sociales con una estética de mujer joven y rubia con vestidos vintage, asociada a valores religiosos y tradicionales. Sin embargo, más allá de este intento de homologación, en otras cuestiones las llamadas "feministas de derecha" distan significativamente de la imagen de la tradwife: son pro-armas, practican tiro, apoyan a Javier Milei, buscan ocupar lugares en la política entre los libertarios. Las “feministas de derecha” manifiestan sentirse incómodas con el “feminismo hegemónico”, porque es de izquierda y kirchnerista, hablan de “ideología de género”,  “marxismo cultural", “libre mercado”, convocan a votar a Javier Milei, como lo hacen otros militantes de La Libertad Avanza. Consideran a Judith Butler y Simone de Beauvoir como las teóricas que leen “las zurdas” y, si bien conocen sus textos, eligen como biblioteca propia a Camille Paglia, Ayn Rand, Murray Rothbard, Agustín Laje, Nicolás Marquez, y la influencer libertaria Gloria Álvarez, entre otros. En realidad, las "feministas de derecha" parecieran ser simplemente mujeres de derecha, con algunas prácticas de base y militancia dirigidas estratégicamente a captar a otras mujeres que quedaron en el vacío de la representación feminista.

Más allá de todas estas construcciones estéticas y políticas, no solo en Argentina, sino a nivel global, el actor fundamental al que intentan desprestigiar y eliminar parece ser el feminismo y los colectivos LGTBiQ+, con énfasis en las travestis y trans. Quizá, ahora que la marea feminista bajó, sea un buen momento para revisar las prácticas que no funcionaron políticamente y repensar nuevas estrategias. Como sea que lo pensemos, lo cierto es que el feminismo y las diversidades constituyen una fuerza política en crecimiento, que ganó terreno en la agenda global. Si tanto importa, si tanto miedo tienen, si tantas respuestas deben emitir, por algo será.